Por Clara Barraza Bermúdez

Hace un tiempo les contaba que me apasiona hablar bonito de mi departamento, de hecho, procuro replicar el mensaje a donde vaya, porque en parte somos nosotros los guajiros quienes estamos llamados a valorar esta tierra y a exponer ante el mundo lo positivo que aquí sucede.

En esta oportunidad quiero exaltar la labor de los jóvenes guajiros que se encuentran en huelga de hambre en la ciudad de Bogotá hace un mes, porque no cualquiera tiene el valor de salir de su tierra y enfrentarse a las condiciones climáticas de la capital del país, para actuar en defensa de los derechos y libertades de casi un millón de habitantes que tiene La Guajira.

Sin embargo, así como he leído mensajes de apoyo en redes sociales para estos valientes, también he encontrado comentarios en contra de los huelguistas, que se resumen en frases como: muchas ganas de aguantar hambre, eso es pura farándula, seguro se comen dos empanadas cuando nadie los ve, deberían ponerse a estudiar o trabajar.

Todo esto me lleva a pensar en que nos gusta criticar las acciones de los demás desde la comodidad de nuestra casa, con el aire en 16°C y viendo una serie en Netflix. ¿De verdad la juventud no dimensiona la gravedad de esta situación? ¿Será que nos hemos acostumbrado a la vida miserable que nos brinda el gobierno nacional y departamental?

En julio, cuando los jóvenes estuvieron en huelga de hambre en el parque Simón Bolívar de Riohacha, algunos los usaron como «llavero de exhibición». Llevaron banderas de Colombia, camisetas blancas, se tomaron fotos y videos, los subieron a redes sociales y obtuvieron sus 60 segundos de fama. Eso sí, cuando la huelga terminó no los vimos más y nadie habló del tema.

Quiero contarles que estos jóvenes huelguistas no están en Bogotá por «puro espantajopismo», que la tierra que usted está pisando es la segunda con mayor incidencia de pobreza extrema y pobreza extrema monetaria, la segunda con mayor desempleo, la tercera con mayor informalidad, la primera con mayor desnutrición infantil, la segunda con peor desempeño competitivo, la quinta con peor productividad.

Quiero recordarle que su gente no tiene un sistema de acueducto y alcantarillado de calidad, que el nivel educativo en la básica y la secundaria es paupérrimo; que la Universidad de La Guajira tiene un reto enorme al formar profesionales que llegaron al alma mater sin competencias matemáticas ni comprensión lectora; que la crítica malla vial que tenemos no nos permite vincularnos a la cadena de valor logístico de la Región Caribe.

Yo sé que usted ha visto que los niños wayuu asisten a escuelas improvisadas con cuatro palos y seis ramas; que los docentes no tienen herramientas didácticas y tecnológicas para el proceso de enseñanza, que nuestras fuentes hídricas han sido contaminadas por excedentes minero energéticos y nadie responde por el daño ambiental; pero eso no es problema suyo ¿Cierto?

Usted debería saber que el programa PAE de La Guajira no sale de un escándalo para meterse en otro, que a los niños les dan un vaso de peto y un banano para su alimentación cuando en los presupuestos incluyen pollo, arroz, frutas, granos; que nos estamos llenando de parques eólicos como alternativa energética no convencional mientras el fluido eléctrico del departamento es interrumpido hasta por 12 horas continuas y nadie le explica a razón de que.

Quiero decirle que nosotros no vivimos en una metrópoli, que nuestro propósito en la vida no ha sido únicamente robarle oxígeno al planeta, que nuestra tierra se está muriendo de la pura y física miseria, que La Guajira nos necesita, que si no levantamos la voz ahora los políticos nos van a quitar hasta la dignidad. Creo que, ante tanta indiferencia por parte de los mismos guajiros, no merecemos ni un día de hambre que aguanten los huelguistas en la capital.