Mientras que toda La Guajira aclama agua y soberanía alimentaria, el joven gobernador prefería invertir más de 300 mil millones de pesos en piscinas olímpicas y otro montón de proyectos alejados de realidad concreta que padece el pueblo.

Por Luis Fernando Lobo Barrera

Hemos creído ciegamente y sobrevalorado la idea que la preparación y la tecnocracia de la juventud era la clave para sacar del subdesarrollo a nuestros territorios.

Hemos hecho a un lado los principios, la coherencia y el respeto por la vida. La concepción y la conducta política de quienes administran la vemos como algo irrelevante, poniendo por encima aquellas hojas de vidas cargadas de títulos y profesiones.

Las fuerzas tradicionales que nos gobiernan desde décadas entendieron el desgaste y la falta de credibilidad de sus viejos cuadros y nos mostraron otros moldes, otras figuras maquilladas de juventud y de un supuesto conocimiento superior, pero, este supuesto cambio era una estrategia de forma, sementada bajo el mismo modelo de fondo, es una demostración más fresca de aquel actuar político que nos hundió en el subdesarrollo.

Lo viejo se reinventó y nos mostraron una nueva casta a la que ellos llamaron «los preparados,» un grupo de jóvenes tecnócratas que ocultaban y disimulaban con su formación las verdaderas intenciones que los movían.

Un ejemplo de esto lo podemos ver en Nemesio Roys, Johantan Malagón, y Luis Alberto Rodríguez, que fueron vendidos como promesas del desarrollo, hombres que, con su formación académica envidiable, se convertirían en el motor para implantar un progreso para La Guajira y el Cesar.

Pero, el tiempo destiló lo que realmente importa en los hombres que tienen el poder para orientar los destinos de los pueblos, y es que las decisiones de un hombre no se guían por sus estudios, sino por las ideas y los principios que lo gobiernan.

En los territorios más lejanos de La Guajira, viven hombres y mujeres que no lograron estudiar una profesión y nunca podrán comenzar una, pero, si les preguntas qué es lo importante para el desarrollo sabrán responderte con contundencia.

Mientras que toda La Guajira aclama agua y soberanía alimentaria, el joven gobernador prefería invertir más de 300 mil millones de pesos en piscinas olímpicas y otro montón de proyectos alejados de realidad concreta que padece el pueblo.

El gobernador que prometió modernizar a La Guajira ni si quiera fue capaz orientarse por el juicio común más sensato y más coherente que cualquier persona podría describir sobre el rol y las prioridades de un gobierno.

Aunque Guajira Azul tenga un logo atractivo y mucha propaganda, no será suficiente para ocultar los más de 22 hallazgos administrativos y todos los contratos llenos de irregularidades. Pero el exministro Malagón seguirá sosteniendo que su programa logró llevar agua a lugares donde la gente aún muere de sed.

Los territorios donde se vivió el conflicto, no solo sufren los estragos de la guerra, sino que siguen golpeados por la revictimización de la pobreza extrema y en esta coyuntura el exdirector del DNP, Luis Alberto Rodríguez, encontró una oportunidad para usar su posición y conocimiento para desviar más de 500 mil millones de pesos, sabiendo él, que entre más vulnerable es una población más fácil es aprovecharse de ella.

Este comportamiento de algunos jóvenes dirigentes nos permite comprender que una profesión o un título no es prenda de garantía para administrar bien, pero tampoco podemos ser arrogantes en creer que solo se debe valorar el conocimiento de los tecnócratas.

He comprobado que cuanto más camino La Guajira más ignorante me siento y descubro que tengo mucho por aprender de aquellos nadies que tienen un conocimiento equiparable a cualquiera de aquellos que se dicen ser lumbreras conceptuales.