Bloque de búsqueda por niños moribundos

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Por Martín López González

Así como el gobierno organiza cuerpos élites para rastrear y encontrar delincuentes, guerrilleros etc. debería utilizar todo su aparato e infraestructura para ubicar y recuperar a cientos de niños Wayúu que estarían muriéndose de física hambre en estos momentos. Es más humano y digno, y sobre todo más Estado, mostrar a niños famélicos rescatados de las garras de la muerte en proceso de hospitalización, que cuerpos de guerrilleros o delincuentes destrozados por bombardeos como trofeos de guerra.

Hay lugares recónditos de la geografía guajira con cientos de niños enterrados que no llegaron a tener un Registro Civil y que nunca alcanzaron a tener asistencia médica. Sitios en los cuales el Estado nunca ha hecho presencia. No hay nada más triste, que ver una madre al lado de una tumba anónima, sin ni siquiera una lápida o leyenda. Sólo se genera un certificado de defunción, cuando los niños alcanzan a llegar a los centros urbanos. Todos los actores del sistema de salud coinciden en que hay subregistros en la muerte de infantes.

Acudiendo a la sensibilidad, y sobre todo a las funciones, del presidente de la República y de la primera dama o primera gestora social ante la crisis humanitaria de los wayúu ¿Por qué desde Bogotá no inician un Bloque de Búsqueda para encontrar y hospitalizar a los cientos de niños que en este momento están en estado de desnutrición avanzada y ya son carne de cementerio? En La Guajira tenemos miles de rancherías dispersas en todo el territorio ancestral Wayúu con grandes problema de acceso, pues no hay carreteras sino trochas.

En las incursiones en contra del Negro Acacio, Raúl Reyes y el Mono Jojoy se contó con infraestructura y ayuda internacional. Estas misiones tenían todas la misma estructura: primero el bombardeo de precisión sobre la ubicación seleccionada, después bombardeos generalizados con aviones Embraer A-29 SuperTucanos, a continuación se ametrallaba la zona con Ak-47 y finalmente tropas transportadas en helicópteros Black Hawk recogían los destrozos humanos, los posibles heridos y los equipos electrónicos. Rescatar a los niños para la vida es mucho más fácil y no requiere militares, sino médicos y enfermeras.

¿Qué se parece más a la misión de las fuerzas armadas, de la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional; y el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz: La guerra fratricida o el rescate de niños moribundos?

Si tan sólo se llegase a salvar una vida valdría la pena. Sería un cuerpo elite y bloque de búsqueda con una connotación especial, el más humano. Esta responsabilidad con los niños moribundos es superior, es prioritaria pues se trata de salvar vidas de niños colombianos que necesitan la intervención urgente del Estado protector de los derechos humanos, en estos casos del derecho de derechos: el de la vida. Y ha sido precisamente, por su ausencia que las cosas han llegado a ese nivel de criticidad.

La dimensión de este drama humano se comprobó a finales de febrero de 2014, a partir de las denuncias del Secretario de Planeación Departamental, se detectaron en nueve corregimientos de La Guajira, en un solo día 20 niños que tuvieron que ser hospitalizados de emergencias por su alto grado de desnutrición. Vale la pena señalar que esos hallazgos se dieron en zonas como Siapana, Villa Fátima, Taguaira, Puerto López, Guarpana, Castilletes, Flor de La Guajira, Waichiwari y Nazareth donde hay unas condiciones regulares de acceso. Lo más crítico debe estar en los sitios más inaccesibles y apartados.