La inacción de las autoridades, siendo permisiva al afirmar que todo esto hace parte del “derecho a la protesta”, deja claro que esta situación es de normalidad, dando subsistencia a la acción deliberada como parte del paisaje.

Por Aldemiro Santos Choles

El mensaje de auxilio es a todo pulmón, pues el comercio, es el corazón que da vida a su dinámica económica, al día de hoy se encuentra en estado de coma, producto de los incesantes y permanentes bloqueos de sus vías, las cuales son sus venas que permiten el flujo de personas y mercancías para el intercambio.

Los bloqueos se han convertido en el pan de cada día durante los últimos dos años. Esta realidad contribuye a una baja competitividad y productividad comercial, resultado de la desconfianza de compradores y transportadores que sienten incertidumbre trasladarse a Maicao, pues temen quedarse estancados en el bloqueo del día.

Maicao, que es una ciudad de corta estadía, donde las personas eligen llegar temprano para realizar sus compras y tener tiempo para regresar a sus lugares de residencia, ven ahora improbable tener la certeza de que esta travesía sea posible, debido a lo impredecible que se ha vuelto la movilidad.

Esta situación, que tiene sus raíces en el “derecho a la protesta”, ha degenerado en una patología social, donde las comunidades cercanas a las vías han adulterado este derecho convirtiéndolo en un acto de oportunidad para generar una logística de trasbordo y muchas veces realizan cobros por permitir el paso de quienes quedan atascados en los bloqueos.

A esta conducta se suma la piratería terrestre, con atracos a plena luz del día en las vías, sin que exista autoridad alguna que medie para prevenirlos. La suma de estos factores agrava aún más el estado de salud de la economía de Maicao, que cuenta con más de 200.000 habitantes.

La inacción de las autoridades, siendo permisiva al afirmar que todo esto hace parte del “derecho a la protesta”, deja claro que esta situación es de normalidad, dando subsistencia a la acción deliberada como parte del paisaje, llenando de incertidumbre a una población que vive de la economía popular, de donde genera la supervivencia diaria de una población. Que, según DANE, registra unos niveles de pobreza monetaria que supera el 70%, lo que significa que, por cada 10 personas, 7 viven con un ingreso de menos de $430.000 pesos al mes.

Lo que más preocupa es que las infraestructuras viales han comenzado a incorporarse al imaginario de “territorios autónomos”, donde las comunidades aledañas asumen el control por sus usos y costumbres, dejando a la población de Maicao en despojo, apropiado por un colectivo en estado de anomia, caracterizado por la falta de normas y valores claros, lo que crea la sensación de que no hay solución a este problema. Frente a esto, a los maicaeros hoy le quedan dos caminos: “bajar los brazos y resignarnos a que la única solución es ceder el territorio a quienes se han apropiado de las vías, o convertirnos en un colectivo de ciudadanos activos para reintegrar el estado de derecho en defensa del territorio”.

Señor Gobernador, Señor Alcalde, Fuerza Pública, Fiscalía, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, Congresistas, Diputados y Concejales: ¿Dónde está el valor de las vías como un bien público para garantizar los derechos fundamentales al trabajo, la salud, la alimentación, la educación y la libre movilidad de una población que agoniza, de muerte, porque su corazón—que es el comercio—no circula por sus venas, que son sus vías, el flujo de personas y vehículos, que son su sangre? el mensaje de S.O.S. es claro: ¡HAGAN ALGO POR AMOR A DIOS, NO + BLOQUEOS¡