Por José Soto Berardinelli

La Guajira me duele. Me duele porque sigue perdiendo fabulosas oportunidades que el tiempo trajo pero el viento se lleva irremediablemente.
Nunca tuve ocasión de conocer personalmente al Gobernador Nemesio Roys. Conocí a sus padres. Su papá, un genuino caballero; su mamá, mujer autentica, de claros ideales. Del gobernador solo conozco registros en medios, intervenciones públicas bien expresadas, difusos actos de gobierno. Me parece que tiene carisma, que imprime majestad al cargo que ocupa, que describe con propiedad la narrativa guajira. Tiene rigor y formación. Estas características me hicieron suponer que por fin La Guajira tuvo la fortuna de elegir el perfil adecuado para tener un buen Gobernador. Pero el tiempo ha pasado, sigue pasando irreversiblemente, y seguimos teniendo más de lo mismo.

Creí que este gobernador tendría el talante y el carácter para apartarse de camarillas clientelistas que creen que el Departamento es su feudo privado en el que manejan decisiones políticas, presupuesto y planes, según antojos particulares. Creí que este Gobernador podría erradicar el tradicional espíritu de beneficencia pública para que los recursos de la educación, de la salud, de la nutrición de los niños, no se siguiera despilfarrando en nóminas paralelas o en corrupción, para complacer amigos o satisfaccer compromisos electorales. Creí que el Gobernador tenia formación para ser riguroso en la selección de sus funcionarios y que no permitiría la intervención de la pseudopolítica para imponer o vetar nombres.

No vemos en el Departamento la ejecución de ninguna obra importante de ingieneria. Eso se puede entender, pues entrar en el marco de la restructuración de pasivos (Ley 550) fue un acto responsable que limita la inversión, pero que a la larga pondrá en orden las finanzas del Departamento cuyas acreencias ascienden a más de setecientos mil millones. Esperaba entonces, por lo menos, resultados exitosos desde la institucionalidad. Creí que el Gobernador podría dinamizar la verdadera unión de todos los guajiros, no en cuanto a la idea romántica de unión, sino a la proscripción de esa práctica perversa de gobernar solamente para el combo que lo eligió; obviamente, cada quien gobierna con su equipo, pero su gestión debe ser generosa, indiscriminada y buscando el bien de todos. Creí que el Gobernador trabajaría por la unión de todas las instituciones guajiras para que ellas cumplan su misión articuladamente. Que acabaría, por ejemplo, la perjudicial distancia entre la Universidad y la Gobernación.

Tanto creí y tantas fueron mis expectativas que la decepción parece repetirse.
La conclusión indica que esperábamos más del Gobernador Nemesio Roys. Sin embargo, creo que «tal vez puede tener tiempo» para rectificar el rumbo, para poner su potencial profesional y humano al servicio de los altos intereses de La Guajira, para comprender que no llegó a la gobernación a servir de trampolín a otras aspiraciones, para entender que lo eligieron para liderar proyectos de grandeza. Mientras no haga lo correcto, el Gobernador seguirá en deuda con el pueblo guajiro.

Cuando entrecomillé la frase «tal vez puede tener tiempo» lo hice porque en el futuro inmediato se cierne la posibilidad de su destitución por un proceso de doble militancia. Y hay que decirlo: a La Guajira no le conviene tanta interinidad. Como ciudadano guajiro, a quien le duele La Guajira, deseo que tengamos un Gobernador que cumpla la totalidad de su mandato. Pero que lo cumpla bien. En el caso particular de Nemesio Roys, que presuntamente incurrió en doble militancia, el Consejo de Estado tendría que cambiar su jurisprudencia para no sancionarlo, pues se sabe de casos análogos en los que previamente resolvió destituir. Si eso sucede y el Gobernador puede seguir en su cargo, ojalá se comprometa solemnemente a utilizar esa segunda oportunidad para dejar a un lado las veleidades de la politiquería y para pensar en La Guajira con grandeza y solo con grandeza.